17 oct. 2014

Ejemplos de gestión del común en el rural gallego



Galicia, región autonómica situada en el extremo Noroeste de España, se ha caracterizado hasta hace poco tiempo por una población de campesinos con explotaciones de tipo minifundista y una enorme dispersión del hábitat en muchas pequeñas aldeas lo que ha generado estrategias cooperativas adecuadas para hacer frente a los problemas de las explotaciones campesinas pequeñas en especial la escasez de recursos. Aunque, hoy en día, el mundo del campo ha cambiado radicalmente, influido por el desarrollo de la industria agroalimentaria y la globalización se han mantenido hasta el presente o hasta fechas muy recientes una serie de sistemas cooperativos que permitieron durante siglos sobrevivir a las duras condiciones del campesinado tradicional. Los que se describen a continuación son aplicables para resolver problemas parecidos a otras zonas del mundo:

1. Mutuas voluntarias de seguro ganadero.

A este sistema dedicamos recientemente esta entrada


2. La vecera o gestión común del ganado.

Para el cuidado extensivo del ganado, en especial el de tipo menor, se emplea el sistema de la “viceira o veceira “, vecera, en las comarcas donde hay abundantes pastos comunales, como sucede en las montañas. Los vecinos hacen un acuerdo a nivel de aldea para el pastoreo comunitario por turnos de todas sus reses, de modo que todos los días uno de ellos tenía que cuidar el ganado de todos los demás, a mayores del propio, sacándolo de la aldea, llevándolo al monte y devolviéndolo al atardecer a cada casa. En el caso, muy frecuente, de que los distintos vecinos tuviesen un número diferentes de animales se establecía un módulo, de modo que por ejemplo, el que tuviese siete reses tenía que hacer un turno de un día, el de catorce dos y así sucesivamente, de modo que una persona dueña de veintiocho ovejas tenía que cuidar las de todos durante cuatro días.

Cuando se trasladaba a los animales a los pastos de altura, desde finales de primavera hasta comienzo del otoño, se aplicaba el mismo sistema y cada encargado del turno del cuidado del rebaño pasaba los días correspondientes en los pastos de la montaña viviendo en una pequeña choza, hasta que le llegaba el relevo, a cargo de otro miembro de la comunidad.

Otra fórmula alternativa, aún en uso en las montañas orientales de la región, es la del pastor asalariado por los miembros de la comunidad vecinal ganadera. Se hace un contrato con el pastor, al que se le suele abonar el salario mínimo interprofesional que marca el derecho laboral español, por el cual se compromete a sacar a pastar todos los días el ganado de todos los vecinos de la aldea que participan de la comunidad, y éstos se comprometen, a mayores de pagarle el salario en proporción al número de animales que aportan al rebaño común, a alojarlo en su casa, y mantenerlo también de acuerdo con lo anterior.
Cuando el ganado sube a los pastos de montaña, el pastor asalariado, que también puede llevar un cierto número de ovejas propias, vive en una cabaña, y cada cierto número de días recibe comida fresca, y a veces la ayuda de alguno de los ganaderos que participan en el trato.




3. La gestión de los montes comunales.

Hay dos tipos de montes comunales que se explotan de modo colectivo sin partir definitivamente su propiedad o sus derechos de explotación. En unos tienen derecho a acceder a sus recursos todas las casas que tiene asiento conocido en la aldea, comunidad o parroquia a la que pertenecen, en otros solo pueden utilizarlo aquellos que tienen derecho a hacerlo no siendo suficiente para ello el estar avecindados dentro de la comunidad que lo usa.
En ambos casos los usuarios lo hacen de un modo colectivo formando una asociación que se encarga de la gestión mancomunada de este recurso común, al menos para la mayoría de los vecinos de la comunidad. Se regula el acceso a los diferentes recursos siempre con la filosofía de la igualdad de oportunidades de los comuneros.
En el caso de la explotación agrícola se procede a dividir el monte en parcelas temporales que se sortean entre los usuarios quienes después proceden a las labores propias de la rozas, el sistema tradicional de cultivo mediante el uso del fuego, consistente en cortar y quemar la vegetación para dejarlo de este modo despejado y abonado y poder proceder a la siembra.
Por este sistema se obtiene una primera cosecha que puede ser importante dependiendo de las condiciones del lugar y de la climatología del año, en años sucesivos los rendimientos son decrecientes al punto de que en algunos sitios la tercera cosecha ya no se considera rentables. Agotada o notablemente disminuida la fertilidad inicial del suelo se abandona el lugar hasta que la recupera para lo que pueden pasar cinco, siete o en algún caso más de catorce años.

4. La gestión de los sistemas de riego.

Galicia, el país de los mil ríos y la lluvia, tiene problemas con la gestión del agua de los regadíos en especial desde la época en que a causa de la importancia creciente de la ganadería se incrementó la expansión de los prados de pasto que necesitan ser regados, en especial durante los períodos de relativa sequía estival. Para solucionar el problema de la escasez temporal de agua se han desarrollado sencillos sistemas de reparto mediante pequeñas canalizaciones hechas con medios sencillos por los campesinos que requieren, no tanto una labor costosa de mantenimiento que cada uno suele hacer en el tramo correspondiente a sus fincas como un control riguroso de los turnos de aprovechamiento.
Aquí el acuerdo de los vecinos que emplean el mismo recurso común en un lugar concreto resulta fundamental para el mantenimiento del sistema. A lo largo de la historia la ausencia de un poder inmediato consensuado y aceptado por los regantes ha dado lugar a numerosos litigios que han sido llevados ante los tribunales de justicia ordinarios con el correspondiente gasto de dinero y de energía.
En líneas generales la conflictividad no parece excesiva en un país de minifundio con innumerables explotaciones que requieren regadío y en las que el recurso a la ley es una costumbre tradicional como forma de mantener los derechos y el prestigio de las personas o familias envueltas en el problema.
Quizás la existencia de un órgano más próximo para resolver los problemas derivados de la gestión del agua, como por ejemplo el tradicional Tribunal de las Aguas de Valencia, adaptado a las condiciones del país hubiese contribuido a la minimización de los incidentes.

En algunos casos donde la inversión fue más costosa, como en la comunidad de regantes del valle de Lemos, con una gran presa y varios canales (construidos durante la dictadura), abarcando varios municipios, la gestión se hizo mucho más compleja. Al entrar en la gestión la administración pública (actualmente la Confederación Hidrográfica Miño-Sil), se produjo un cierto abandono del sistema de autogestión a medida que se iba abandonando el cultivo, sin actualizarse la base de datos de regantes y sin que quedase claro el papel de la propia comunidad de regantes y del ente público en el mantenimiento del sistema. Esta ambigüedad fue llevando a un cierto desgobierno, que se mantiene actualmente (con tímidos esfuerzos desde la administración por regularizar la situación, que nunca llegan a completarse por falta de apuesta política real).


Estás fórmulas, exitosas a lo largo de siglos en los lugares de montaña de amplias zonas del mundo, permiten obtener una cierta ganancia sin demasiado esfuerzo ni inversión inicial.
Parece muy probable que, con la ayuda de los microcréditos (o algún tipo de capital semilla), para tener los animales necesarios para que el procedimiento sea viable, se pueda obtener un beneficio adecuado con una pequeña inversión puesto que la filosofía de los sistemas de gestión comunitaria de los animales de las pequeñas explotaciones ganaderas, es la de una inversión mínima de la que se puede obtener un beneficio seguro, de un modo cooperativo, que fomente la solidaridad social y económica dentro de las comunidades.


José Manuel Vázquez Varela
Catedrático jubilado de Prehistoria y Etnología, colaborador de ESF.

Sergio Fernández Alonso
Técnico de proxectos de Enxeñería Sen Fronteiras Galicia

1 comentario:

Anxo dijo...

Hay trabajos comunitarios puntuales que se realizaban, como "a maia", tenian una funcion tambien festival. A dia de hoy en las cofradias de mariscador@s aun pervive un trabajo comunitario muy interesante.
Me ha gustado mucho. Felicidades