13 oct. 2016

Universidade para o pensamento complexo

Na liña do tema de complexidade que nos interesa ultimamente, deixamos un extracto do moi recomendable libro "La Universidad Comprometida" (páxina 177 do arquivo, 175 do documento). Incide na importancia da universidade como lugar onde se afonde nas perspectivas da complexidade na educación, evitando o simplismo ou reducionismo, que crea máis problemas dos que arranxa.

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Imagino a decenas de perfiles expertos cuadrando cifras y previsiones sobre producción mundial de trigo, cómo agilizar las exportaciones de café, en qué medida estimular la industrialización de una región o facilitar la entrada de inversión extranjera en un Estado, cómo ayudar a la privatización del suministro de agua o qué límites establecer en la gestión de las ayudas del Gobierno local a su producción ganadera. Manejan la mejor y más actual información disponible sobre producto interior bruto, inflación, empleo, importaciones, movimientos de capital, mano de obra, extracción de materias primas... Con todo ello sobre la mesa, dibujan acciones concretas. Aun así, toda esta ingente cantidad de información y recursos se ponen en escena en una única dimensión, a partir de una forma economicista de ver el mundo. Tal vez si sus cabezas directivas tuvieran formación en humanidades o hubieran madurado mediante una amplia experiencia en aldeas con hambruna, sus decisiones serían distintas. Tal vez si las decisiones fueran menos ambiciosas y más lentas... Tal vez si los órganos directivos contaran con una impresionante transdisciplinariedad... Tal vez si estas supuestas mentes brillantes respetaran los modos de hacer y la autonomía de cada complejo país en el que aterrizan... Tal vez... Frente a las interpretaciones, Vilar (1997) es menos diplomático al afirmar, con respecto a los dirigentes con responsabilidad en instituciones y Estados, que “los que aparentemente los «dirigen »  suelen ser espíritus simples que no captan las complejidades crecientes; por ello, las “soluciones” que dan a los problemas, en vez de resolverlos, a menudo los exacerban más” (p. 35). Bateson (1998) abunda en ello tras abordar algunas características de la complejidad de los sistemas y afirmar que “nuestros políticos –tanto los que se encuentran en una situación de poder como los que están en un estado de protesta y de avidez de poder– son todos por igual ignorantes de los temas que vengo analizando” (p. 467).

Reconocer la complejidad de los contextos en los que habitualmente nos movemos
no solo es una necesidad epistemológica, sino también una esperanza para prescindir de las decisiones unidimensionales. La Universidad debería encontrarse plenamente integrada en esta forma de mirar aquello a lo que atiende y construye.

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